Guía de Budapest: Parte I
Siempre que hablo de viajes y ciudades europeas, no puedo dejar de recomendar visitar Budapest, incluso por delante de otras ciudades con más renombre turístico como Praga o Viena. Aunque también he visitado estas dos capitales europeas y me encantan, Budapest tiene algo especial, un punto de exotismo y esplendor olvidado que la hace muy muy atractiva.
A continuación os relaciono varios de los puntos de interés que me parecen imprescindibles para descubrir el encanto de Budapest. Algunos son muy conocidos, otros no tanto, pero todos son de obligada visita
PARLAMENTO DE HUNGRÍA
El Parlamento de Hungría, en la foto principal, es uno de los edificios neoclásicos más bellos del mundo, toda una maravilla arquitectónica a orillas del Danubio. Las vistas desde el barrio de Buda son especialmente espectaculares. Además, no hay que perder la oportunidad de hacer una visita guiada por sus salas (en verano las hay en castellano). En un agradable recorrido de alrededor de una hora:
- Apreciaréis la exquisitez de su decoración y acabados interiores. Las escaleras principales son realmente impresionantes.
- Veréis el esplendoroso Salón de la Cúpula, en donde está expuesta la santa corona húngara.
- Os explicarán cómo todos los materiales usados en la construcción del parlamento son de procedencia húngara, desde los mármoles a las maderas, cerámica, etc. La mano de obra también es 100% húngara, y podréis apreciar varios ejemplos del mimo con que desarrollaron su trabajo. Realmente, están orgullosos de la obra de arte que es el parlamento.
- Entraréis a la Cámara de los Diputados, en donde los parlamentarios del gobierno húngaro debaten las leyes del país. Se trata de una sala exquisitamente decorada, como el resto del parlamento.
- Os explicarán detalles de la cultura y la política magiares que os ayudarán a entender un poco mejor al pueblo húngaro.
BALNEARIOS Y FUENTES TERMALES
En 1934, Budapest recibió el título de Ciudad de Balnearios por ser la capital que dispone de más pozos que aguas medicinales y termales del mundo. De hecho, cuando los romanos llegaron apreciaron inmediatamente las bondades del lugar, y no tardaron en fundar una colonia.
Sin duda, el balneario más famoso de todos es el Gellert, por prestigio y por aquello de que en España lo vimos durante años en el anuncio de los cuerpos
Danone. Vale la pena hacer una visita rápida al Gellert (hay tiquet de entrada reducida, sin derecho a baño) para echar un vistazo y algunas fotos, pero no es el mejor ejemplo de balneario en Budapest porque está masificado por el turismo y –esto es una opinión subjetiva– es demasiado frío y elegante. Desde luego, los húngaros no es que lo visiten mucho, así que si te metes en las piscinas termales del Gellert lo más probable es que estés rodeado de otros turistas como tú.
Visitar en cambio el balneario Széchenyi es otra experiencia completamente diferente. Está cerca de la Isla Margarita y no es ni mucho menos tan visitado por los turistas como el Gellert –de hecho, cuando fui en 2005 no había un solo turista aparte de nosotros–. En cambio, es muy querido por los húngaros, que tienen por costumbre acercarse a sus instalaciones a relajarse con los amigos. El balneario de Széchenyi tiene dos zonas bien diferenciadas: las piscinas termales interiores, donde tenemos varias de diferentes tamaños, temperatura, salinidad del agua, etc. Y luego están las piscinas exteriores, preciosas y donde reina un claro aire de calma y relax muy gratificantes. Tenemos una piscina de 25 metros para nadar (con gorro), y luego otras piscinas de aguas termales donde masajearnos la espalda con el chorro de agua caliente proveniente de sus fuentes.
Antes de entrar a la zona de piscinas, tendremos que solicitar al personal una llave de taquilla para dejar nuestras cosas, y también nos prestarán una toalla. Cuando nosotros estuvimos allí nadie hablaba ni papa de inglés, pero fueron tan amables que no hubo problema para entenderse. Pues eso, salimos con la llave de la taquilla colgada en la muñeca, derechitos a las piscinas exteriores.
Nosotros fuimos temprano al complejo de Széchenyi, a eso de las 8h, y ya había cierto ambientillo. Y aunque la mañana refresca en Budapest incluso en pleno agosto, el agua medicinal nos calentó rápidamente los cuerpos más o menos Danone, y el resultado fue toda una experiencia placentera, como descubrir un pequeño tesoro. Es curioso ver cómo juegan al ajedrez algunos bañistas, la mar de concentrados.
LA CASA DEL TERROR
Se trata de una visita totalmente diferente a las demás, pero que os fascinará por igual. La Casa del Terror es un museo dedicado a los totalitarismos, en donde se nos cuenta el lúgubre periodo en la Budapest de finales de la II Guerra Mundial y los primeros años de la dominación rusa posterior. La ambientación del museo es espectacular, y se nos muestra:
- Cómo la antigua comisaría de policía central (justo lo que es ahora la Casa del Terror) fue el centro neurálgico de la represión rusa hacia los húngaros disidentes. Detenciones, espionaje, interrogatorios… incluso las torturas formaban parte del día a día del interior del edificio. En la actualidad, los sótanos se conservan intactos de la época, con las celdas de aislamiento, instrumental, uniformes, etc. tal y como fueron.
- Veremos todo tipo de material propagandístico y militar de la época: uniformes de la policía de Budapest, del ejército ruso, también del nazi, teléfonos, mapas, armamento, etc. Todo ello aderezado con vídeos y voces de archivo, no hay forma más eficaz de ambientar al visitante.
- También se nos muestra mediante vídeos e imágenes los terribles días en que Budapest fue sitiada por el ejército rojo y posteriormente ‘liberada’ de los nazis. Miles de ciudadanos sufrieron las consecuencias, todos los puentes de la capital de Hungría fueron destruidos y gran parte de la ciudad quedó en ruinas. Hoy día todavía es posible ver cicatrices de metralla en algunos edificios de Budapest, aquellos que aún no han sido restaurados en su totalidad.
En fin, la visita merece la pena porque el museo está tan bien montado que te sumerge de lleno en los horrores de la guerra y los gobiernos totalitarios. Te transporta durante un rato a un mundo muy tenebroso, lleno de uniformes, confesiones y castigos. Después, salir de nuevo a la calle Andrassy, con sus comercios sofisticados y la animación actual, es todo un alivio.
Hasta aquí el primer capítulo de la guía de Budapest, enviado por Manuel Aguilar. Podéis ver más de sus artículos en 3viajesaldía o esperaros a mañana, que publicaré la segunda parte. Hasta entonces, besos.



